viernes, marzo 22, 2013

Tonada de niño lobo

Es lo procaz de tu ateísmo mientras llevas nombre bíblico, lo precoz de tu risa de cincel liberando mi rebeldía. Es el tacto rescatado que incita tu lengua de pez azul fuera del agua, claro bailando en un mar ajeno que vendría siendo yo, gracias.
Y entonces lo de tu beso sin anunciar, parado delante de todos, y la gente loca y yo peor, pero yo feliz, y ellos no.
Se pasa de simple la noche, sin tu boca lobezna mordiéndome el cuerpo. Tonada de niño lobo. Un rato salvaje y loco, busca en medio de la nada parecerse al rato tuyo y falla, el asunto de los huesos, de las cejas de ti, vestido de efebo, es decir sin ropa, es decir del mejor modo, es decir lo mejor de un año roto. Eso de voltear a estas horas y que no estés. Bueno, es salvaje, como cuando me muerdes pero no se siente igual. De sumar algo sería que vuelvas pronto para hacer letras de amor con las caderas, desastres con las rodillas, lecturas entre tus piernas, siestas en tu culo y una fiesta porque viene Mayo y porque ahí nacimos. Y entonces dijiste: Debería quedarme, y como si hubiera esperado esa frase toda la vida, desde que era un niño queriendo ser más niño para estar contigo en una noche de luna fina y cascabel de estrella; te respondí: Sí, deberías quedarte. Y entonces, hicimos un nuevo recuerdo.

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