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domingo, abril 08, 2012

Si vieras conmigo gatos de luz

¿Has visto alguna vez gatos de luz? 
La verdad es que no me gustaría que los vieras, son igual de tramposos que el resto de los gatos. Permíteme suspirar. Sin embargo si te toca verlos, ojalá sea conmigo, no es que me crea tu madre como dices, somos sólo dos viejos, además no sería la primera vez que te cuidara. Al amar se descubre, que las casas hablan, que las calles recuerdan, que los días reviven y la tristeza es la ausencia de todo eso. Decía todo esto el viejo, mientras su cabello perlado se reflejaba en la copa medio vacía o medio llena de vino blanco, todo depende de quién la mirase. La otra copa estaba llena, algunos dirían intacta, el restauran estaba ambientando con luz naranja que se fundía mortecina entre las sombras y los rincones. Alguna vez pensé que alguna pelea nos separaría, que nos rompería el alma, las ropas, los pies y las ganas, pero aquí estamos, dos viejos, no una vieja y un viejo, sino dos viejos: Tú y yo, no me mires así o te tomo la mano, y sé que aún después de tantos años no te gustan los afectos en público, antes porque podían robarnos, golpearnos, matarnos y robarnos otra vez, ahora porque somos muy viejos, y esas, según tú son cosas de jóvenes. El hombre del cabello de plata seguía hablando, su mirada era oscura y triste pero con cierto halo infantil mientras la copa se vaciaba más. Aún puedes reírte, conmigo, o de mí, no importa lo ideal es aún verte reír y aún verte con dientes, con pelo menos blanco que el mío, viejo necio que eres mayor que yo y con cabellos negros aún, qué bueno que ninguna mala noche te alejó, ni me alejó de ti ¿Por qué nunca nos casamos? Que no me mires así te digo, que ha sido chiste, un chiste todo menos lo de casarnos. Yo siempre quise, y sé que a veces tú también querías. Pero se nos pasó, como Madrid, como Buenos Aires. No has bebido nada, ya la gente me ve raro otra vez, desde que era un niño me han visto así, pensé que luego de que la belleza se fuera, se escapara como lo hizo, a otro cuerpo, pensé que luego de todo esto, la gente dejaría de verme así, pero no. La gente siempre será la gente. Te decía que no has bebido nada. Viejo nunca te gustó demasiado el vino, pero es la bebida del festejo y la compañía me sigue pareciendo un buen motivo para celebrar. Hace treinta años tenía a esta amiga, Ana Patricia ¿La recuerdas? Seguro que no tú nunca te acuerdas de nada, para ese entonces ella y su novia tenían doce años juntas, la primera vez que lo escuché quise tener veinte y treinta y cincuenta años contigo viejo, viejo necio y hermoso, las lesbianas duran siempre más ¿Estarán aún juntas? ¿Quién sabe? Dame tu mano por debajo de la mesa, como aquella canción. A ti nunca te gustó hablar de la muerte, yo una vez estuve cerca la muerte ¿Sabes qué ves? Gatos de luz, no me gustaría que los vieras, o quizá me gustaría si los vieras conmigo, creo que ellos me conocen, no me mires así, la gente también me ve aún mal, como raro, no sé ¿Comeremos algo? Nuestra nevera en casa parece como de prostituta elegante, sólo hay una botella vacía de vodka de algún tiempo y yogur, y galletitas, pero galletitas por mí, a ti ya no te gusta eso. Bebe viejo, bebe un poco porque te quiero, y aún lo digo con llama en estos labios viejos que tanto besaron pero eligieron vivir en los tuyos.
La copa se vació y el hombre de mirada antigua pero infantil, el mismo hombre parlanchín hizo una seña al mesonero, tráigame dos copas más, aunque mi compañero no ha tocado la suya ya se ha calentado su vino, es que a él no le gusta mucho, el viejo sonrió. A lo que el mesonero, un muchacho de cara larga y ojerosa y confundida respondió: ¿Dos? ¿Espera a alguien más señor? Claro que dos, joven, entonces el mesonero interrumpió, disculpe señor, ¿Entiende usted que está solo?
Luego respondió al instante el viejo con la mirada quebrada y brillante y una sonrisa borrosa temblando, al muchacho:
¿Qué quiere decir con solo?

miércoles, diciembre 21, 2011

Un Recuerdo del 68

María corre lo más fuerte que puede, llegaría tarde el día de la toma de la foto escolar. María corre y lamenta más que nunca que el único par de medias que le quedaban limpias no tuviesen ligas, y ahora estorbaban demasiado al correr. Lamenta que el hambre le pegara en el estómago como si "Vicente Paúl Rondón" le hubiese dado un gancho directo a la barriga. Lamenta que el día que pudo ir a la escuela sin uniforme, no tuviera un mejor vestido, que ese viejo vestido azul, que era como de muñeca de trapo. Pero sobre todo lamenta tener que estar corriendo con César, su hermano mayor, por haberse robado un cambur. No siempre una vecina tiene la bondad de regalarte dos bolívares que puedes usar para la foto de la escuela, y era una lástima que no sobrase entonces para aquellas frutas en cuestión.

María Sujeta con precisión y cuidado el cambur que le acababa de robar al portugués de la frutería para que no se le espachurre. Pudo haberse robado otra cosa, por ejemplo zarcillos, estaba harta de meterse hilos para que no se le cerraran los huequitos de las orejas. Pero el hambre siempre puede más. María corre lo más fuerte que puede, piensa si César habrá podido escapar, pero apenas piensa esto, César pasa como una bala perdida corriendo y riendo por su lado, dejándola detrás y brincando el pequeño muro amarillo, que se atravesaba en la acera para alejarse cada vez más del portugués. Al momento en que a María le tocó saltar, el hábil portugués lanzó como un meteoro, una piedra, que en cámara lenta y mientras María bailaba en al aire alcanzaría su cabeza para traerla directo al piso, entonces sus rodillas se enrojecieron y ardieron, María rodó un poco para rápidamente ponerse de pie, chillar, retomar el equilibrio y entonces, el vestido azul que parecía de muñeca de trapo se ensució un poco más. El portugués a lo lejos maldijo y se rindió. Corriendo un poco más lento María se lleva la mano a  su cabello y un rastro de sangre mancha su mano: Ahí vinieron los nervios.
Entonces como quién se acuerda de algo urgente, se lleva las manos al bolsillo y asustada revisa si aún posee las cuatro monedas de cincuenta céntimos que usarían para las fotos escolares. Esos buenos dos bolívares.
César no aparecía. María decide seguir a la escuela sola y colarse rápidamente en el parque de la escuela, porque a diferencia de los baños, el viejo chorro del parque siempre guardaba agua. Se acerca esquivando miradas al viejo chorro y se lava las manos, la cara y las rodillas, que arden más que nunca. Se moja el cabello y se hace dos trenzas, su cabeza late y ella espera que el agua se lleve todo. Finalmente como quién no tiene nada que hacer se sienta en el columpio de cadenas duras y cobrizas, sobre la tabla agrietada con indicios de moho, María se balancea lentamente. Trata de secarse las manos en el vestido, y entonces pela el cambur y se lo come. La preocupación por salir con el vestido lleno de sangre en la foto casi le ganaba al hambre. Por otro lado, el miedo de que su mamá se diera cuenta que tenía la cabeza rota le ganaba a la preocupación por el vestido.
María sabía que robar no era bueno. Pues  no era, ni quería ser, de la clase de persona que roba. Ella no lo hizo por diversión, a diferencia de lo que hacían los amigos de César, ella lo había hecho por necesidad, se repetía eso en la mente pensando que Dios era alguien capaz de leer nuestras mentes, pues Dios debía saber que la necesidad le quitó el hambre pero le dejó la cabeza rota.
Minutos después llegó César, riéndose como si la pobreza no importara, riéndose como siempre. La profesora les llamó, y entraron al salón a tomarse la foto. Los ojos de María parecían prestados por un búho, aquellas pupilas dilatadas, profundas y oscuras como agua negra. De pronto todo fue dudoso, María sintió náuseas y sintió que  el mundo se batía como una lavadora. La foto había quedado triste y sepia. Quizá todo estaría bien, pero después de eso la esperanza olía a vómito.

viernes, diciembre 02, 2011

Entre cosas y desnudos

Las paredes blancas casi son rectas y uniformes, en su parte inferior el color está sucio y decae el blanco. Algunas telarañas se ven entre las partes altas, y el techo. Que es cuadriculado por catorce rectángulos de anime, la entrada es una puerta de madera vieja y un poco torcida, la cerradura es dorada y está raspada. En la parte alta de una repisa hay cuarenta y dos libros, un pequeño reloj de arena, con adornos metálicos dorados y madera. Hay un poster de James Dean, un tablero de ajedrez, y una foto tamaño postal, en blanco y negro, es un retrato de un muchacho. Hay dos ventiladores viejos en el piso, uno , que es de aspas sucias y azules, el otro es blanco y es más pequeño y está sobre una pequeña y vieja mesa de noche, hecha de madera que posee dos gavetas, una entre abierta posee pequeños papeles desordenados, con poemas escritos con tinta azul. A su lado una cesta tejida negra, con ropa tirada; y su lado está la cama, que realmente es un colchón, de sábanas rojas, con letras chinas blancas. Hay dos almohadas, y una sábana más que no combina con la anterior, esta última es gris, con flores moradas y azules. Hay un closet con seis compartimientos, en la parte baja: un Nintendo 64 lleno de polvo, una caja negra de zapatos con casetes grises, y uno dorado. En el compartimiento de arriba hay cincuenta y  siete películas de DVD, la primera de ellas, es de fondo verde, y posee el rostro de una mujer, se llama: “Amélie”. En el compartimiento más arriba, hay cincuenta y un discos de música, entre los primeros de la fila resaltan los nombres de: Fiona Apple, Alanis Morissette y Mecano. En la parte superior  hay sábanas de colores, entre ellas distingue el azul y el dorado. Hay una caja de condones abierta, un perfume de marca desconocida y lubricante íntimo; hay también algunas monedas, de un Bolívar y algunas de cincuenta céntimos.  En el compartimiento de la izquierda hay un televisor de veinticuatro pulgadas negro, encima de el un VHS negro y a su lado, un DVD blanco de tapa magenta, que se asemeja a una consola de video juegos. Debajo de este compartimiento hay un bloc azul grande, pinceles, dos tubos de pintura al óleo, magenta y amarillo. Hay una cámara negra, que  disimula ser profesional. Debajo de esto hay dos pares de zapatos, unos marrones de apariencia usada, y otros que podría decirse se usan poco, estos son negros. El resto del espacio posee un refrigerador blanco, con una etiqueta que se intentó arrancar pero no tuvo buenos resultados, en su parte superior izquierda. En el espacio sobrante de la habitación, está una mesa de computadora, naturalmente con un computador, sobre ella: tres controles remotos, dos negros y uno blanco y un CD de los Pet Shop Boys. Un muchacho desnudo está sentado frente al monitor, y teclea insistentemente, contando lo que ve con sus ojos.

lunes, noviembre 28, 2011

El espectador

Su cabello es oscuro y corto, aunque la luz, descubre cabellos castaños. Su textura es suave, si se toca de izquierda a derecha, o viceversa. Pero, si se toca de arriba hacia abajo, se siente algo puntiagudo. La piel se define como blanca, aunque realmente sea amarillenta y en algunas partes, como las mejillas, o la nariz, sean rosadas. Tiene las cejas arqueadas, pobladas y unidas en el medio. Su nariz es alargada, grande, puntiaguda. Resaltando y perfilando el resto del rostro, en conjunto con el mentón. Sus ojos ligeramente achinados, son oscuros, pero brillantes. La parte blanca de los mismos, están un poco enrojecidas. Las ojeras son visibles. En su párpado izquierdo, se nota una marca, producida por la lechina.
Sus labios pequeños y delgados, son  rosados. Sus dientes son blancos y simétricos. La barba que es predominantemente negra posee algunos vellos rubios; es de textura carrasposa, se extiende por sus cachetes, y por encima de su boca y por debajo de ella, creando un bigote, no tan marcado, y no tan escaso: una barba uniforme, que finalmente se une con sus patillas, que están a la altura de sus orejas. Sus orejas son de un  tamaño, adecuadamente proporcionado al rostro, posee los lóbulos separados de su cabeza, y ambos poseen dos zarcillos, en forma de pequeñas esferas brillantes y negras. Su cuello no posee arrugas, y se marca notablemente la manzana de adán. Tiene un lunar en la parte superior derecha del mismo.
En su mejilla derecha hay otra marca de lechina. Su rostro carece de espinillas, y su frente es pequeña y con leves arrugas. Y los poros de su piel son tan grandes que son visibles, a simple vista. Otro lunar se nota en su sien izquierda. Su nuca no posee lunares, y el cabello corto finaliza sin invadir la espalda. Un remolino de cabello se aprecia en la parte superior trasera de su cabeza. El espectador visualiza un último lunar en el cuello, debajo... pero casi detrás de la oreja derecha, para luego, y sin más discusión: Enamorarse.

domingo, octubre 02, 2011

Sus manos en el barro

Era el primer día de clases. El cuaderno desnuda la verdad. Ricardito desesperado piensa, que la posición de descanso podrá salvarlo. "Qué tontería usar tiempo de las vacaciones para haber hecho ese dibujo, quizá le extrañé demasiado". Ricardito suspira resignado. El cuaderno desnuda la verdad. Entonces imagina como el cuaderno se acerca más y más a las manos del profesor, y se imagina a sí mismo, arrastrado a un horno, con forma de monstruo que guarda fuego en su boca y se lo comerá, o lo rostizará, o algo.  Hace tres días que no para de llover, sabía que era mala idea haber venido a la escuela, pero mamá siempre insiste, en que uno no debe faltar a la escuela.
El cuaderno desnuda la verdad, y estar desnudo a los diez, no es como estar desnudo a los siete, las cosas cambian, uno cambia, la adolescencia empieza a anunciarse. Para cuando el cuaderno llegue a las manos del profesor, el salón será la escena del crimen. La evidencia: Aquel bosquejo romántico que había dibujado, dejando conocer sus sentimientos. "No podía trazar mi lápiz algo más, que esas manos, y esa cara, tan linda... y lo peor de todo, arruinarlo con corazones, porque nada es más anti-artístico que los corazones". Ricardito se vuelve una fabrica de sudor, mientras imagina al resto de la clase, volverse un enjambre de dedos diminutos señalándolo. Él sabía que era diferente, no tenía interés por jugar, trompo, perinola, o béisbol con chapas. Con sentarse a ver TV o jugar Atari bastaba.
Ya era suficiente con sentir que estudiaba con orangutanes para tener que soportar la burla de ellos. Pero entonces... "corazones" ¡no puede haber algo más anti-artístico que los corazones!. De pronto ya no era tan diferente como el resto del salón. Al fin y al cabo Paty y Teresa pintaban corazones y rayuelas en el patio de la escuela, qué terrible tener que sentirse así.

Entonces las risas lo traen de nuevo a lo que sucede, a su realidad. Ricardito clava los ojos en las manos  geométricas del profesor, tres, dos, uno, los cuadernos son revisados, y ya pronto el cuaderno de él, estaría en las manos del profesor, y entonces. Vería como esas líneas bailaron para hacer aquella cara, con aquellos ojos gentiles, y sus manos, sus manos grandes y geométricas, que salen de su suéter gris, demasiado perfectas para ser de un adulto, porque él, era diferente. Pero entonces Ricardito hunde la cabeza en el pupitre queriendo que se abra una ventana que lo lleve a otra dimensión, y aquellos molestos corazones atravesados con flechas, desaparecieran.

Pero ¿Qué podría decir el profesor? ¿Apreciaría acaso mi talento para dibujar? Quizás, él podría dibujarme, o abrazarme, como tanto lo he deseado, vaya tontería.
Pues no, lo más seguro era que me llamase por mi apellido y me reprendiera, y entonces mi  mamá se volvería loca con la noticia, cuando él me acusase, y acabase de ese modo con mi amor,  y seguro en forma de castigo, mi mamá me botaría el Betamax que mi tía Betza me regaló, o peor aún no me dejará ver los Supersonicos por el resto de mi vida. Qué desgracia. Ya el cuaderno estaba en sus manos. Pero entonces una idea surge, Ricardito alertado levanta la manos mientras el resto de sus compañeros lo observan: "Permiso para ir al baño profe" el profesor asentó con la cabeza y sonrió, Ricardito quiso derretirse, pero sintió las voces de sus  compañeros como abejas zumbando. Los cinco minutos en el baño lo salvarían, o al menos eso pensaba él. De ese modo salió del salón, aún llovía, qué desastroso había sido ese septiembre. La señora de la limpieza, bajita y arrugada le hizo señas de que los baños estaban cerrados. La verdad olía bastante mal. Mamá dice que cuando llueve mucho no se pueden bajar las pocetas, porque todo se devuelve. Siendo así, Ricardito sube al segundo nivel de la escuela. Estando en el baño, ve por la ventanilla todo era gris, sintió asco del baño, porque los baños de la escuela siempre huelen mal. Y un terror invadió su cuerpo al imaginar, cómo sería reprendido, cuando el profesor descubriese que él estaba enamorado de él. De pronto Ricardito escucha un sonido muy fuerte que hizo temblar los espejos del baño hasta traerlos abajo para quebrarse, quizá era una multitud que venía a por él, ¡Qué terrible era haberle puesto corazones!, Ricardito se mete en uno de los cubículos del baño y se tapa los oídos. Se escuchó nuevamente aquel gigante ruido. Luego, el silencio invadió todo, y entonces Ricardito decidió salir. Aún llovía, las escaleras estaban llenas de barro cada vez más profundo. De pronto el mundo se había convertido en otra cosa, bajando las escaleras Ricardito se fue hundiendo más en el barro, cuando llegó el barro a su cadera, el terror le invadió todo el cuerpo. Cuando llegó al patio de la escuela vio que ya no había salón, una bola enorme de barro había arrasado con todo. Fue así como vio piernas, cabezas y zapatos, y finalmente saliendo del barro, vio una mano geométrica aferrada sin vida a un cuaderno. Entonces se puso a llorar.

martes, mayo 17, 2011

Angelitos negros

"Pintor nacido en mi tierra,
con el pincel extranjero,
pintor que sigues el rumbo
de tantos pintores viejos,
aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros."

Píntame angelitos negros - Andrés Eloy Blanco.

La noche que la escuché llorar no podía entender qué era lo que le pasaba. "Lárgate" fue lo que le escuché gritar cuando nos despertó. Yo nunca había escuchado a mi vecina gritar así. Y me sentí más asustado que confundido. Cuando logré ver sus ojos verdes, estaban hinchados y enrojecidos. Después de todo el negro y yo teníamos más de dos años siendo amigos y esas son muchas horas de Game Boy Color. "No es contigo" me dijo el papá del negro mientras luego trataba de calmarla a ella. La luz se prendió y ella abrazó al negro llorando. El papá de mi amigo le decía "mujer ya para". Esa fue la última vez que me quedé en su casa; aunque la tarde nos siguió alcanzando los fines de semana para intercambiar Pokemones por cable link. Claro, los días en la escuela apenas podíamos hablar, cosas del receso. Aunque recuerdo la tarde que el negro me contó que su mamá tenía casi dos meses despertándolo en la madrugada con llantos. Me contó también sobre las peleas que estaban teniendo su mamá y su papá. "Te estás volviendo loca" Era lo que decía el papá del negro a su mamá. Yo nunca escuché a nadie en casa decir que la vecina del seis estuviese loca. Al contrario a las personas les agradaban ellos. El negro era dos años menor que yo y era hijo único. No como yo, que tengo hermanos pero no los llevo. Por eso empecé a hablar con el negro esas veces que me asomaba por la ventana y él estaba dos ventanas más arriba. Era una suerte que la vecina del cinco no tuviese hijos. No sería lo mismo con otra persona atravesada. Yo nunca escuché a nadie hablar mal de ellos. Los vecinos del seis eran personas tranquilas. Aunque una vez escuché a la conserje decir que la vecina veía un ángel negro pasearse por su casa. "Brujería" decía la conserje. Cuando mi mamá escuchó esto; fuese por la locura o las brujerías de la casa de la vecina del seis. Me dijo que lo mejor era no subir más a dormir a casa del negro. No insistí, pues tuve miedo de ver al ángel negro o lo que fuese. El resto de la semana a penas vi al negro porque pasó los últimos días sin ir a la escuela. Su maestra no me dijo nada. Esa tarde escuché a mamá hablando con la conserje, decían que el papá del negro quería dejar a su esposa, que estaba obsesionada con que alguien le quería quitar a su hijo. Y aunque no quise seguir escuchando cuando empezaron a hablar de la aparición, me sentí tan asustado como curioso. Sabía que no iba a poder dormir, pero era tarde para dejar de escuchar. "Es un ángel de alas negras que se le para en el cuarto al muchacho", "Ave María purísima " dijo mi mamá, y sabía que se trataba del diablo porque sólo mi mamá dice "Ave María purísima" cuando se trata del diablo. Y entonces sentí lastima por el negro, porque él se portaba mejor que yo y no merecía tener al diablo en su casa. Y yo le había pedido el casette de Pokemon Gold por una semana y me lo quedé dos, entonces pensé que seguro el ángel negro vendría por mí. Así que esa noche cuando me asomé por la ventana lo vi, y le dije que iría al día siguiente a llevarle el juego, y si tenía suerte quizá podríamos intercambiar algún Pokemon. Pero entonces vi a la vecina en la otra ventana y no pude entender por qué parecía un maniquí. Pensé que me diría algo pero no me dijo nada. Recordé aquella noche y cómo la vi esa vez con su pelo de alambre y sus ojos verdes enrojecidos. Esa noche le comenté a mamá que iría al pasillo del seis a jugar con el negro al día siguiente y ella dijo que yo no debería estar molestando a "esa gente".
Pero esa noche recordé tanto los gritos de la vecina, que sentí que los escuchaba otra vez. La culpa no dejaba dormir, sentía que debía subir lo antes posible y darle su juego al negro. Sentía miedo de que luego el diablo o lo que sea que saliera en su casa viniese por mí. Entonces no aguanté y mientras todo estaba oscuro me asomé por la ventana y quise que él estuviese asomado dos pisos más arriba para conversar. Pero entonces se hizo tarde, porque cuando vi las alas negras y brillantes cubriendo su ventana, las lágrimas empezaron a bajar por mis mejillas. Y entonces lo vi, el ángel negro tenía cabellos de alambre como la vecina y cara de mujer y ojos de pena, saliendo de la ventana con el negro dormido en brazos y entonces quise gritar pero no me salía la voz. Fue cuando sentí que algo me había reseteado, como cuando se me cuelga el Nintendo 64 y hay que darle "reset" para que funcione. Pero cuando pude recordar estaba amaneciendo, y mi mamá me despertó llorando diciendo que el negro se había muerto. Un día después fuimos al velorio del negro, yo no quise verlo en una caja, porque todos como yo sabían que el negro no había estado enfermo. Pero sólo yo sabía que el ángel se lo había llevado. Aunque el resto dijo que la madrugada de una noche antes la vecina había salido con el negro desmayado y le dijeron que la leucemia apareció y de una vez se lo llevó de este mundo. Y ningún adulto pudo entender. Otros dicen que tampoco los médicos entendieron. Esa vez en el velorio vi a la vecina del seis con sus ojos verdes más enrojecidos que nunca, eran los ojos más hinchados que jamás vi en mi vida. Ella era la mujer más triste del mundo. Fue ahí cuando entendí que el ángel negro también tenía cabellos de alambre porque también se la había llevado a ella. Alguna vez espero volver a jugar Pokemon con mi amigo.
Para Cleismer en su cumpleaños.

domingo, abril 24, 2011

El grito


Foto/Obra : Untitled 2007-2008 - Robert Gober


(Abre la puerta y entra).
¿Sabes por qué estás aquí?
- Porque me gané un premio y usted me va a mostrar tres cortinas para elegir detrás y una despampanante rubia de tetas operadas sostiene letreros.
-Estás aquí porque amenazaste con clavarle un lápiz en el cuello a una de tus compañeras.
- La verdad es que ella se lo buscó además hay una diferencia entre el acto y la intención.
- ¿Tenías intención de clavarle el lápiz?
- Si esa hubiese sido mi intención se lo hubiese clavado para que se callara de una vez y no la hubiese amenazado.
- ¿Hayas solución en la violencia?
- Depende.
- ¿Te sientes libre siendo violenta?
- Violento, no violenta y depende, no todas las violencias son iguales.
- La Violencia nunca es justificable.
- Si una hija mata a su padre porque este no le compró el carro que quería a fin de año su muerte no sería como la hija que mata a su padre porque el cerdo la violaba desde pequeña.
-¿Tu padre te tocó alguna vez Clara?
- No me llame Clara, debe, tiene, necesito, exijo que no me diga nombre de mujer, yo no tuve padre.
-Pero eres una mujer.
- Usted no sabe quién demonios soy.
-Tus reportes dicen que desde la infancia tienes "emociones intensas".
- Era ser intenso o ser insípido ambos sabemos qué elegí.
- ¿Te sientes cómoda tratándote a ti misma cómo hombre?
- ¿Se sentiría "Usted" cómodo chupándome las bolas?
- No tienes bolas Clara.
-La verdad es que me siento un poco estafado.
- ¿Por qué amenazaste con el lápiz?
- La verdad es que creo que todos tratan de matarme.
- ¿Alguien ha tratado de matarte?
- ¿Me jode? Este país siempre trata de matarme.
- ¿Crees que quiero matarte?
- ¿No era esa la sorpresa de la noche?
- Sabes que si no admites que tienes un problema no podrás salir de aquí Clara.
- !Mi maldito nombre no es clara me tienes harto!
- Lo siento pero no quieres progresar tendrás entonces que quedarte aquí.
- !Si tan sólo me soltaras y arreglaras esto como un maldito hombre te clavara mil lápices en los ojos!
-Estarás amarrada hasta que decidas progresar Clara.
- Mi maldito nombre es Jonás loco de mierda, alguien te va a descubrir alguien me va a encontrar y te van a violar en una cárcel loco de mierda, no eres un doctor, no me llamo Clara, no hay compañera, no hay situación con amenaza alguna, todo esto te lo inventaste, soy un jodido tipo, tú eres el que está loco, psicópata, enfermo, me da igual si me matas de una vez no puedo pasar un día más así inmenso infeliz. No puedo. Por favor. Por favor. Por favor. Déjame ir... (Llanto).
- Si sigues así nunca te dejaré ir Clara. (Se acerca y le lame la cara).
(Cierra la puerta y sale)
(Se escucha el grito).

miércoles, enero 12, 2011

Mi chica Portman



Había escuchado un fuerte golpe y luego nada. De pronto me costó reconocer dónde estaba. El ruido de la calle, las personas. Un hombre salió deprisa del ascensor y tropezó un poco a todos. Entonces volví en mí y recordé que estaba en la fila del cajero automático. 6 personas delante de mí. Luego la vi. Ella estaba sola, ella era la razón por la que me había quedado en blanco. Me recordaba a alguien pero no sabía todavía a quién. Estaba del otro de la fila, casi al frente del puesto de empanadas donde tomaban la merienda las personas que asistían al psicólogo del piso 2 o tomaban un número del banco y salían a comer algo para amortiguar la tediosa espera. No sabía que hacía ella, ni a quién esperaba, nada. Nos vimos cuando ella sonrió un poco y más personas bajaron del ascensor de forma brusca persiguiendo al hombre que antes había pasado y bajaron por las escaleras chatas que daban a la acera. Nunca me gustaron los bancos, ni los cajeros ni nada que hiciera a las personas esperar juntas de ese modo. Pero esta vez era agradable estar aquí, casi en blanco viéndola a ella, a alguien que no conozco. !Ya sé a quién me recuerda! a Natalie Portman por Closer.

Podría ser como en Closer y luego de sacar el dinero me acercaría y ella diría: Hola extraño. De verdad sus ojos me recordaron a Natalie Portman. Eso sería genial; le diría secretamente Chica Portman, pero ahora me doy cuenta que me estoy riendo solo y ella me ve, y el resto de las personas me ve, y ella pensará dos cosas:

1) Que estoy loco

2) Que soy gracioso.

Y no sé si es de las chicas que prefiere acostarse con locos o con graciosos o si prefiere no hacerlo con ninguno de los dos. La fila del cajero avanzaba con la lentitud característica de las personas que no saben que la operación debería tener un estimado de tiempo no mayor a 60 segundos. Dos personas para mi llegada al cajero. Ella seguía cerca del kiosko y quise saber qué estaba haciendo allí. Luego dejamos de vernos. Las personas empezaron a fijarse y a tratar de investigar por qué la gente del ascensor buscaba al hombre que había salido. Ella también se veía interesada y yo no me interesé porque estaba casi en blanco y estaba demasiado interesado en ella. Luego ella me vio e hizo un gesto de aprobación apretando los labios y yo lo hice también pero agragándole una sonrisa disimulada. Y quise que algo pasara para no llegar al cajero y seguir viéndola o que mejor salir más rápido de la fila para hablarle y quizá ir por algún té con leche o quizá por café helado porque ahora le gusta a las chicas el café helado (aunque se me haga desagradable). Entonces escuché otra vez el ruido. Y recordé. Vi un carro que se acercaba violando la acera y vi al hombre furioso y llorando que había salido del ascensor hace unos minutos y luego se estrelló contra todas las personas que estaban en la fila. Y entonces dejé de ver, porque mi mirada se disparó y todo fue borroso cuando el carro me hizo esto. Fue en ese momento que supe que nunca sabría cómo se llamaba mi chica Portman. Y entonces...
Había escuchado un fuerte golpe y luego nada. De pronto me costó reconocer dónde estaba. El ruido de la calle, las personas. Un hombre salió deprisa del ascensor y tropezó un poco a todos. Entonces volví en mí y recordé que estaba en la fila del cajero automático. 6 personas delante de mí. Luego la vi. Ella estaba sola, ella era la razón por la que me había quedado en blanco. Me recordaba a alguien pero no sabía todavía a quién.

domingo, enero 02, 2011

El lenguaje de las miradas


Ella pudo ver la mirada de él saliendo del cubículo de enfrente, el par de pupilas asomadas por las gafas gruesas y la mirada de cachorro brillante y de convencimiento sincero. Ella quitó la mirada y luego la devolvió buscando confirmación. Él confirmó. Luego ella se deslizó por la silla hasta ocultarse en las paredes azules de su cubículo. El trabajo había adquirido cierta adrenalina, cada que ella buscaba una excusa para ponerse de pie y ver al desconocido vecino del otro lado del cubículo; luego él devolvía el juego creando complicidad. Entonces mientras ella bajaba, él subía, y las miradas estuvieron flasheando entre ellas, como un código secreto, como una especie de clave morse entre parpadeo y desvíos direccionales de ojos. Los días de trabajo tuvieron ratos recreativos, mientras ella y él mantenían el juego sin poder saber siquiera cuál era el nombre, o cómo era la voz del otro. El tercer día luego de salir del trabajo ella quiso hacer tiempo para esperar en la esquina cercana a la salida de la agencia. Y de este modo estar un punto suficientemente visible para que él la viese y tal vez; sólo tal vez, se acercase y dijera algo como: "Hola". Y ella respondiese: Hola. Y luego irían a tomar algo, y luego saldrían más y él pasaría los viernes en la noche en su casa, y verían películas mientras comían en la cama, y él se acercaría en algunas ocasiones a besarla detrás de las orejas mientras le amarraba la cintura con los brazos y le diría: me gusta tu perfume. Pero entonces al salir él la vio, y ella lo vio, pero él se cruzó de acera y ella cambió la mirada y nunca nadie dijo "hola". Y no hubo viernes por la noche, ni abrazos amarrados ni frases al oído, ni noche de perfume.
Tendrían que pasar exactamente 16 horas y algunos minutos no específicos para jugar otra vez. Ella exclamó alguna grosería en un tono de voz prudente. Porque a nadie le gusta esperar por muy adulto o muy niño que sea.

Pero la artillería vendría pesada el día siguiente. Mientras él intercalaba miradas, ella evitaba responderle. Recordó el momento de no-correspondencia del día anterior y entonces se declaró en huelga. Pero al cabo de horas aún tratando de ignorarle, la mirada que salía de las gafas, es decir; ese brillo con cierta sinceridad que le recordaba a los amores del colegio; la hizo voltear y entonces, las miradas se engancharon. Pero ella decidió que si le miraba al menos debía seguir con su causa de protesta, de modo que en vez de ignorarle; ella decidió fijarle los ojos. Él sonrió y ella hizo un gesto de aprobación con la boca. Cuando llegó el final de la tarde ella estaba en la misma esquina visible, a las afueras de la agencia. El plan era el siguiente: esperaría a que pasaran dos autobuses, si él no llegaba el universo le estaba diciendo que debía irse y renunciar al asunto. Si él aparecía el universo tenía planes para ellos dos. Porque era de las personas que pensaba que el universo siempre te está dando un mensaje. Pero él no apareció y entonces ella se fue. Porque siempre odió que el universo se quedara mudo.

Pero el día que él caminaba por los cubículos dirigiéndose al suyo; sus ojos dijeron buenos días a los de ella, pero ella nunca sabría exactamente qué le estaría diciendo él. Ella respondió con la vista porque ya no merecía la pena protestar. Había empezado a comprender que había algo singular en esto de sólo hablarse con las miradas. Pero cuando ella se puso de pie en uno de esos intentos para verle mejor por encima del cubículo azul, él levantó un papel marcado en letras de tinta negra. Decía: "Hola". Y ella le regaló la primera sonrisa y luego se derritió sobre la silla.

Y llegó el final de la jornada en la agencia y ella estaba parada en la esquina, y él no cruzó la calle, y ella no quitó la mirada, y no pasaron dos autobuses, entonces él se acercó y por fin se escucharon hablar el uno al otro y ella dijo: ¿qué harás? y él dijo: debo ir a comprar algunas cosas, y ella dijo: tengo que ir a buscar algunas en mi casa para luego salir, si vienes luego podría acompañarte a lo tuyo, pero él dijo: No puedo. Y ella dijo: Entiendo. Él le dijo " por cierto mi nombre es..." y dijo su nombre y le dio la mano, ella recibió la mano y le dijo el suyo también. Y vinieron más días entre cubículos azules. Pero el lenguaje de las miradas había terminado. Ella y él no volvieron a jugar. Y ella entendió que al universo a veces le gusta hacernos perder el tiempo.

miércoles, noviembre 03, 2010

El arlequín



"Teta roja de sol.
Teta azul de la luna.
Torso mitad coral,
mitad plata y penumbra."
Arlequín - Federico García Lorca
La noche anterior Cheíto estaba seguro de que lo había oído, el silbido venía de la sala, y se colaba por el pasillo para robarle el sueño, luego escuchó la risa disimulada. Cualquier otro niño pudo cerrar los ojos y esconderse debajo de las sábanas, pero algo no dejó que lo hiciera, quizá la curiosidad o algo de realismo recién descubierto a sus siete años, donde nunca sintió temor de dormir en el cuarto de arriba, muy independiente para alguien de su edad; nunca tan acosado por la imaginación hasta ahora. De pronto pensó que cerrar los ojos significaría ser arrebatado por algo de su cama. El silbido subía de intensidad y cada vez era más cercano, nunca tan fuerte como para que sus padres lo escucharan y siempre preciso para que su temor despertara, fu fu fu; el silbido. Cheíto estaba seguro que se trataba del arlequín que adornaba la sala, cuando el silbido se hizo más fuerte, escuchó el sonido de cascabeles y un grito se le escapó de la garganta rompiendo en histerismo, fue entonces como sintió el orine corriéndose por sus muslos e invadiendo el colchón y fuertes pasos en el piso de madera del corredor. Cuando sus padres subieron a su habitación intuyeron que sólo había sido un mal sueño, por más preguntas que hicieron él no habló nunca sobre el muñeco. Menos cuando su madre encontró al arlequín en el jardín, como si el mismo Cheíto en alguna travesura lo hubiese arrojado desde la sala del segundo piso por la ventana. Entonces sin decirle nada lo colocó de nuevo donde solía estar.

"Es una excusa por haberse meado en la cama" "que es el nintendo" "que es la televisión". No. Sabía que no le creerían entonces decidió no hablar sobre el incidente. Él lo sabía, era el arlequín. Durante el día sentía el poder de estar cara a cara frente al muñeco de porcelana de la cara blanca y la ropa esmeralda, siempre y cuando no estuviese solo en casa. Observó los labios oscuros recreando cierta sonrisa y la mirada fotográfica en el rostro del arlequín. Entonces casi sin inmutarse buscó en las gavetas del seibó, las manos registraban torpemente y se detuvieron hasta sostener el oxidado mango de un martillo. Frente a frente al arlequín y escuchando el sonido del televisor en el cuarto de sus padres que venía del piso de abajo, Cheíto arremetió contra las piernas de porcelana del muñeco tratando de no ensuciar sus brillantes pantalones negros, quiso machacar los cascabeles que le adornaban las zapatillas pero no quería poner tan pronto en evidencia el crimen que había realizado; además no estorbaba la idea de mantener funcionando los cascabeles, el sonido siempre le advertía. Aunque el arlequín nunca reaccionó ante este hecho, Cheíto pudo notar algo raro en su tenebrosa cara pintada. Como queriendo salir, pero el día lo protegía, la luz y la compañía lo mantenían a salvo.

Pero cuando la noche llegó y el silbido le arrancó el sueño de los ojos Cheíto sintió el doble de temor, el arlequín quería venganza, dañarle las piernas no había funcionado y entonces el sudor empezó a mojarle el pecho y la frente, fu fu fu el silbido, las rodillas empezaron a temblar y entonces cuando se disponía a gritar una mano furiosa invadió las sábanas.Sólo pudo ver la silueta de un hombre que se lo llevaba, entre su inútil lucha notó como el hombre oscuro tropezó contra el mueble dejando caer el muñeco de las piernas rotas y sus cascabeles sonaron otra vez. El terror se escapó por sus ojos al ver que alguien se lo llevaba por la ventana mientras tirado cerca del marco logró ver la cara del arlequín con los ojos hechos agua, y aunque hubiese podido gritar por ayuda, sentía vergüenza por lo que le había hecho al muñeco de ropa esmeralda. Igual aquella mano furiosa nunca se apartó de su boca y nunca pudo gritar. Días después la prensa anunciaría el secuestro de un niño en la zona,el cual había sido raptado en su propia casa.

martes, octubre 19, 2010

Cuentos de pasillo

Al colgar el teléfono Marieta dejó claro que estaba preocupada por las emociones de su amiga. A él la llamada de alguna forma le cambió toda la expresión de la cara.
Sube las escaleras sin sujetarse de la baranda, todo por cierto asco a tocar cosas que considera de todos, cruza el pasillo oscuro y cierra la reja de los vecinos que siempre está atravesada en el camino, sin entender por qué ellos, no logran descifrar su mirada molesta, al tener que cerrar su reja cada que pasa por el pasillo. El olor a comida que sale de los apartamentos cercanos le invitan cosas que él no comerá, el pasillo siempre estuvo lleno de invitaciones irresponsables. Llegar a casa y prender la luz, el tiempo dio hasta para detallar sombras.
Al escuchar la puerta sonar ella se activó. La cocina está llena de hormigas, esas malditas hormigas un día me comerán viva, no soporto ya el trabajo, los educadores terminamos vueltos locos; él de momento se encontró esquivando palabras del pasillo hasta la cocina, se preguntó si ella diría todas esas cosas estando sola. Se agachó a recoger los zapatos y las palabras pasaron por encima casi para quitarle la cabeza. No hay agua, otra vez el endemoniado problema del agua, por eso es que salen tantas hormigas, habrá que comprar una bomba nueva, pero imaginate con lo que pasó con tu sueldo no será posible, aquí nada sirve.

Camina de la sala y entra a la cocina, ve los ojos de ella, ojos tempranamente irritados, precozmente rojos.
El dice: Llamó Marieta, que está preocupada por ti.
- Yo hablé con ella.
-Ella dice que estás muy mal.
-La gente de la calle a veces nota más lo que nos pasa.
-Es que la gente de la calle no nos conoce bien.
-¿Y eso qué?
- Que aquí uno es uno y afuera es otro para otros.
- Me terminaré enfermando.
- (Silencio)

Ella va a al fregador y abre el chorro, se echa el pelo para atrás, usa sus orejas como ganchos para situarlo detrás.
No puede uno estar tan casando, se permitió decir. Él se perdió por un momento, como quien no mira nada, pero una época se pasea en su mente; recordó los días tempranos, el misterio de ella, sintió que la distancia nos permite hacerle medio guión a las personas, cuando regresó era otra vez el monólogo de ella, su discurso ininterrumpido.

- Si estás cansada yo hago la cena.
-Nada, yo lo hago.
-Pero si te sientes mal...
-Ya lo estoy haciendo.

Y cuando el discurso hacía ruidos para arrancar como el motor viejo de una lancha, antes de empezar a disparar el peso de su desdicha; él volvió al pasillo, sin detallar sombras, sin pensar en la llamada preocupante de Marieta, con la plena certeza de que la reja de los vecinos estaría atravesada, y sabiendo que el pasillo estaba lleno de invitaciones irresponsables; se puso los zapatos y sin decir mucho salió. Ella quería público para su dolor, al parecer sólo así lo hacía real. Él sabía ahora, que el dolor que necesita ser mostrado es el de los teatros.
Entonces dijo para nadie antes de salir: Mierda de día. Luego se fue.
Ella marcó nuevamente el teléfono. Y así fue.

viernes, agosto 13, 2010

7 Lamentos bolivianos y 8 Músicas ligeras



Luisangela de Colombia, una chica con nombre de hombre mezclado con mujer, chasqueaba los dedos tocando el ritmo. Niko de Argentina tocaba la guitarra como sólo vi a Hendrix en TV hacerlo. Ella sensual me saludó con un beso que casi cruzaba el borde entre los labios y la mejilla; un beso intimo que figuraba en un idioma raro dentro de las voces del cuerpo. Él, dulce, duende y loco. Luisangela y Niko cantaban en el malecón, el mar negro estaba molesto y entre la selva de personas, una voz fuerte. Ella. Y otra voz rebelde. Él.

Se alzaba un lamento boliviano entre sus voces y la guitarra. Luego la música se hacía ligera, él se preguntaba sobre qué estaría soñando Cerati, cuestionaba que las masas no calientan pero siempre queman y luego empezaban a cantar.

La resulta de una botella plástico de refresco picada a la mitad recibía escasamente monedas y billetes de bajo valor. Luego de 7 lamentos bolivianos y 8 músicas ligeras, Niko y Luisangela ya no sentían ganas de cantar, porque las personas quieren siempre escuchar lo mismo. Ella saludaba y despedía con un beso sensual de margen, mientras nos encontrábamos en el malecón; y él compartía su trago, que era también el pago por cantar.

El ser humano es animal de costumbres, a veces un animal bruto que sólo sabe ensuciar, que sólo escucha lo que quiere escuchar. Dos músicas ligeras podrían darle a Niko el desayuno y nada más, eso me dijo él. Ambos comentaron que las personas borrachas pagaban más por una canción que alguien sobrio. Yo les respondí que algunas personas son más bondadosas cuando están ajenos a ellos mismos. Luisangela me besó nuevamente de forma única y Niko me abrazó antes de volver a la playa, a tocar guitarra, a cantar para ellos, a negarse a consumir marihuana por que más le excita ser consumido por lo que hace. Y cuando el corazón les diga que se vayan, ellos se irán, al menos eso me dijeron.

Viajeros esto es para ustedes.

lunes, julio 12, 2010

(No) Estás solo - Cristo me manda que brille

Nadie ve, que el agua negra pasó hace rato el nivel de mis rodillas. Que en la carretera hace mucho no estoy. Al menos conservo el ego de seguir hablando sobre mí. Hay algo que me roba de aquí. No sé si podrías entender lo que pasa. No estoy aquí, algo me ha estado robando, cuando me ves, sólo estás viendo una concha vacía, tal vez una concha de mar. Hay agua negra. Ninguno de estos doctores que dice conocerme sabe quién soy.

-Quien le oye le besa los ojos-

- Tengo miedo de que sólo a mí me esté pasando esto en el mundo. Otra vez egoísta, queriendo compartir mi aflicción, perdón. Me siento drogado, me siento drogado por mi propia mente, no sé cómo parar. ¿Estoy loco? ¿Acaso he vuelto a ser niño?

-Quien lo oye le canta: Cris - to me man - da que bri - lle, que bri - lle- pa - ra- él
sién - do - le -siem - pre- hu - mil - de- y - siem - pre- sien - do fiel.

- Eso es, quizá sea un niño. Anoto todo, escribo cada que siento miedo, temo no recordarme mañana, me encuentro a mí mismo inmóvil, luego de una hora, me doy cuenta que no me moví, pero en otra realidad tuve conversaciones, besos, calor. Estoy amando a alguien que no está, tal vez me enamoré de alguien que no forma parte de esto. Tengo los bolsillos llenos de papeles, son mis ideas, son muchos, necesito un amor que pueda tocar, necesito un amor que pueda probar, que pueda escuchar y sentir caliente en las orejas y en el pecho, necesito un amor que pueda...

-Que-Bri-lle- que bri-lle-Cristo-me-manda-que-bri-lle-

- Tengo un novio, los viernes en la noche jugamos nintendo y luego hacemos el amor, la gente dice que está mal. Antes iba a la arena, metía los pies, y papá decía: "No mires así a otros chicos". Y luego decía: "Ya has terminado, ya puedes andar". Un columpio le rompió la cabeza a mi mamá cuando era pequeña, pero a mí me gustan. La gente dice que está mal. Ahora que pensé que mis demonios se habían marchado, en medio del frío me precipito, me hago luego inmóvil viéndolos pasar frente a mí,desfilando, me miran con ojos de clavos y sonrisa asesina. Tengo miedo a olvidar.

-Yo bri - lla - ré pa - ra- él

No sé ya dónde estoy. No recuerdo que se siente besar con amor, un beso de verdad. Mi novio es inventado, escribo para alguien que no conozco. Esta gente no sabe quién soy.

- Que-bri-lle- que- brille ... (pausa) ... Yo bri-lla-ré para... TI

cuando era pequeño mi papá me cantaba una canción.

- Shhhh.

-ambos se callan-.

domingo, julio 04, 2010

Autre lettre

No sé cuánto tiempo lleve tratando de decirte esto, creo que hay cosas que simplemente sabemos pero, al no darle un nombre, no encontramos el modo para decirlas. Las cosas están cambiando, siempre lo hacen, pero esta vez puedo sentirlo claramente.

Recuerdo la última vez que me decepcioné; ¡ahg! me sentí tan devastado, la tristeza no me entraba en el cuerpo. Pero ahora que estoy decepcionado de nuevo, sé que mi error pasado fue decepcionarme de la emoción, decepcionarme del valor, del significado. Debí decepcionarme de la persona, no de lo que significaba. De este modo te digo, que trataré de no decepcionarme de la amistad, por malos amigos, del amor, por amantes que malentienden o malpractican.

Nunca nos prepararon para esta clase de choques, tiempos perdidos, besos desgastados, la facilidad de engañar, y la extrema de creer. Pero en algún momento todo puede coincidir, entonces, besos, romance, relaciones, amistad, todo llega junto, y es increíblemente enrriquecealma. Te reirás con esto, sabes que me gusta inventar palabras.

Siento que pronto vendrá el momento en que volvamos a sentir los labios llenos de besos. Como aquellos días, sólo lo siento. Siento también que tendremos nuestra revancha.
Como te habrás dado cuenta, y como has comprobado en todo este tiempo, he sido siempre precoz en palabras, en gestos, "sos tan precoz que siento que envejecerás primero que yo, y entonces tendré que buscarme a alguien menor, aunque tenga 8 años más que tú" . Es cierto he sido un viejo, he sido transmental, he llevado el mayor divorcio de mi mente con mi cuerpo, he tenido la mente de un viejo siendo joven; precoz, como dices. Entonces aparece otro divorcio, he sido un viejo de mente, pero un pequeño niño de corazón; por tanto, hay tantos fallos, tantos tropiezos y aplastones. Pero esta vez, siento como está cambiando, estoy creciendo. Entonces podré decir que estoy aquí, y esperaré impacientemente a que tú también estés.

Sólo para decir: "aquí".


PD: Pronto estaré completo.

lunes, junio 28, 2010

Descombinación



Te busco, te busco, luego de correr, bajo las defensas, me lanzo al suelo. Luego de haber sido expulsada de una batalla, y estoy herida, jodidamente adolorida, pero no me escuchas, mi mensaje se pierde, una vez más soy malinterpretada, ya es una costumbre, eres la rama llena de espinas de la cual trato de sujetarme ante la caída libre. Y me daña, todo esto me daña, una capsula guardada de la batalla se esconde aquí, Boom! explotó.
Sólo busco un poco de razón, como un loco queriendo, aparentando, deseando ferozmente estar cuerdo. Pero no hay nada, sólo estoy yo, y esta guerra, sucia, fría, inhumana; entonces me pregunto, por qué no puedo dar el mensaje, si mi mente grita, cómo es posible que sólo salgan nudos de mi boca, vagos ecos sin forma. No estoy loca, sólo tengo esta gran incompatibilidad. Me duele la cabeza, no podría tomar una pastilla para esto, este dolor no se quitará con una pastilla.
Mil me sedarían, pero internamente la llama estaría esperando sádicamente a ser encendida.
Puedo estar tranquila, ¿entiendes? Es lo máximo. Mi mayor miedo se pasea siempre entre mis piernas, jamás seré entendida, jamás, ¿jamás? .
Por favor, por favor, Shhh... por favor, por favor, necesito, imploro, capricho que me entiendas, que sobrehumanamente hagas, dejes, des milagrosamente, el chance, el intento de entenderme. Si tan sólo existiera un agujero para mí, para poder sujetarme, para poder descansar, porque el impulso de mi último vuelo me trajo hasta aquí y no puedo más, en verdad no puedo más. No he conocido jamás mayor disonancia o descombinación, que la de mis gestos y mi cara con mi sentir, cuando ellos creen que estoy feliz, muero de agonía, cuando me ven triste, estoy tranquila. No puedo decirte quién soy. No puedo describirlo. Estoy ante esta repugnante incapacidad parásita. Trato de sacar esto, trato de que las palabras me rompan la lengua para ver si me callo de una vez, y dejo de intentar.
Shhh… Shhh… no digas nada por favor, no digas nada, Shhh… necesito empezar a llorar.

martes, marzo 02, 2010

Temporada de aguacates


Para cuando desperté la grama estaba caliente, lo suficiente para molestarme y empezar a picar en mi cara, sentí que el sol me dio una cachetada para hacerme abrir los ojos, y entonces, algo cayo brutalmente con el peso suficiente de una piedra frente a mis ojos, bum! fue un golpe seco, logré enfocar la mirada en el objeto, era un aguacate, así supe que era temporada de aguacates. Al empezar a detallar pude ver sangre sobre la grama, era mía. Una noche antes pensé que daría tal vez mi ultimo aliento, corrí sintiendo que dejaba pedazos de mi cuerpo en el aire, tomé una gran piedra y empecé a martillar contra un muro para hacer agujeros y hacerme una escalera, trepé desesperadamente, las palmas de mis manos estaban rojizas, las rodillas me ardían, se me rasparon contra la pared como fósforos intentando encenderse, estaba sudado y desesperado, recuerdo subir el muro, recuerdo ver un patio con un gran árbol, perder casi la respiración y con esto el equilibrio, luego caí, fue violento pero esa palabra ya me era familiar; el piso fue como el castigo final, la firmeza luego de volar por los aires, el golpe en la cara, el dolor en todo el cuerpo, me sentí ido, me sentí libre, cuando aterricé me sentí cagado, luego me desmaye o algo así .

Recuerdo pensar que iba a morir luego de haber escapado, habían rastros de mi sangre en la grama y la cabeza me dolía terriblemente, de hecho todo el cuerpo me dolía, sentí no tener fuerzas para coger vuelo, para ponerme de pie, sin embargo, las mismas fuerzas que me hicieron huir me hicieron apoyar mis ardidas manos sobre la grama caliente y entonces logré sentarme y ver al cielo, la mata de aguacates y una vieja casa que parecía abandonada, sentí una especie de calma ajena aunque el calor era horrible, entonces otro aguacate cayó de golpe cerca de mí en ese instante escuche los gritos de ella atacándome otra vez, mi piel se erizó, me hizo reaccionar, me levanté, vi un portón azul un poco oxidado que abría desde adentro, luego salí del sitio, con la cabeza rota, la cara sucia, las rodillas raspadas ... pero con la seguridad de que ahora estaría mejor que como estaba. Era temporada de aguacates, era temporada de ir por mi cuenta.

martes, enero 19, 2010

Josephine y el demonio

Josephine tiene 17 años y dos meses, su cabello es rizo, su signo es virgo, duerme boca abajo y odia los domingos. Camina por la calle de costumbre. Ya las chicas no usan casi vestidos en esta época; su vestido azul roza ocasionalemnte con sus rodillas. Por este camino debe pasar una y otra vez así no quiera son cosas de los días. Josephine podría ser como cualquiera pero no lo es, pues tiene la peculiar presencia de alguien que sólo llega cuando ella se enamora ese alguien es Satanás.

La brisa hace bailar su cabello inquieto de ondas café, sus cejas prensadas hacen peso en sus ojos y se muerde la boca por aburrimiento y camina, sola camina sólo camina.

Todo parece igual como siempre nada rompe nada cambia, los pasos por las calles son fríamente contados. A media distancia es sonsacada por la mirada de un hombre que reparaba un poste eléctrico que desde alto hacia contacto con sus ojos, todo cambio, que tosco, aceptablemente tosco (repasó) y de cara común ojos tristes y sonrisa agradable, notablemente alto, espalda ancha. La mente se le hecho a volar y en menos de tres pasos imagino conocerlo, su voz, una salida, un primer beso, una pelea, una reconciliación, su miembro y un encuentro sexual, muchos días, muchas noches y un adiós. Simplemente ella sonrío y se sintió inocentemente perversa, soy libre de pensar, pensó ella, hay una diferencia entre lo que se piensa y lo que se hace y se hecho a caminar más rápido. Entonces un paso dos pasos él la seguía viendo un paso dos pasos, ella pasaba casi debajo del poste un paso dos pasos boom! ha caído un cadáver electrocutado temblando y retorciéndose a los pies de Josephine los ojos tristes de aquel hombre ahora se justificaban en blanco. Josephine se echo a correr a ojos cerrados hasta llegar a la esquina, entonces antes de cruzar la calle por la que pasa una y otra vez sin quererlo la chica que presencio hace segundos la muerte de un posible amor como siempre... vio a alguien aparecer, le vio ella parado era ese mismo pequeño en la esquina sonriendo irónicamente de boquita roja , cabellos dorados y ojos azules en la única parte llena de sombra de la calle ,era el demonio y hacia señas con su dedito diciendo no.

No Josephine ni en pensamientos simplemente no.

sábado, diciembre 26, 2009

Federico, el mar y yo

Es hoy la noche del ultimo dia del año, y frente está el mar, bajo mío un montón de arena plateada y a mi lado un joven de unos veinte y tantos años, de piel blanca, ojos redondos y un curvo mechón de pelo, que sobresale en su cabeza, y no tuviera nada de especial si curiosamente no afirmara ser el poeta andaluz Federico García Lorca.

"Pobre mar condenado a eterno movimiento, habiendo antes estado quieto en el firmamento" dijo él, con la vista puesta hacia el infinito océano, mientras el resto de las personas disfrutaba de las fiestas y podían verse a todos, a lo lejos bailando cerca de las luces en el malecón. Me quedé en silencio por momentos, silenciando así mis emociones.
¿Qué habría de hacer Federico García Lorca en medio de esta playa y en estas fechas?, de pronto decidí hablar: No quiero restarle valor a tus palabras, le dije, pero ni siquiera en lo inmensa que se ve esta noche podría creer que tú eres quien dices. Entonces volteé hacia el mar nuevamente. Lo escuché reír, y cuando voltee a verlo su sonrisa se fue recogiendo.
Él parecía no inmutarse luego de eso, y entonces recitó esta vez: "El mar es el Lucifer del azul, el cielo caído por querer ser la luz". Luego volteó y con sus grandes pupilas me miró e hizo un gesto con la boca que no podría describir, fue como si me hubiera inyectado una dosis de credibilidad, entonces luego de esto miré hacia él, vi sus ojos cerrados y empecé a creer que realmente esta noche en medio de una playa poco habitada estaba a mi lado Federico, el poeta andaluz.

- ¿Es entonces para ti el mar un ángel caído? pregunté casi queriendo no tocar lo que él había dicho, sintiéndome terriblemente torpe.
-No podría ser otra cosa, respondió, una tristeza tan bella no podría ser  otra cosa, a menos que el mar sea poeta, exclamó al tiempo que volteó su mirada hacia mí nuevamente.


¿Entonces para ser, y hacer poesía hay que estar triste? ¿Eso dices?, ¿Soy una persona triste entonces? - le pregunté en tono odioso.

A él pareció darle mucha risa mis palabras, luego que dejó de reír me dijo: "No estarlo, hay que entender la tristeza, recibirla... la tristeza del corazón. Olvidarte de lo que sabes para que la poesía te abrace enteramente, sin miedo a ser oscura, pues la poesía siempre sera clara".


Mis palabras se redujeron casi a nada, fue una lucha interna tratar de responder a esto, nació en mí una sonrisa natural que decidí regalarle, mientras él me miraba casi agradeciendo con las ojos.



—¿No te ha pasado que has tenido la oportunidad para preguntar cualquier cosa y nada se te ocurre? Dije torpemente.
-Claro, todo el tiempo, pero descuida hay preguntas que se hacen solas, y otras que solas se responden.

—¿Por qué estás aquí? es decir... se supone que tú...

—¿Que yo qué? , pregunto él con la impresión que sabía de que le hablaba.

—Que se supone que tú no deberías estar aquí, dicho esto una gran nostalgia se apoderó de mí.

Él subió la vista hacia el cielo y dijo fue una noche antes que pasara... luego dijo:
-fue la luna, la luna lunera.


—¿Que ha hecho la luna Federico?


—Esa noche la luna me habló, y con ella hice un pacto.

—¿Por eso estas aquí?

—Sí, por eso mismo estoy aquí, ella me dijo que me haría vivir por mucho tiempo, a cambio de hacer lo que ahora hago.

 —No entiendo.

—Noches como esta puedo volver y hablarle a los que le interesa, sobre lo que contigo converse, del mar, de la luna, de la tristeza, de la sencillez que canta pero que casi nadie escucha.

—¿Cuánto te quedarás?

Hasta media noche.

—Ya casi es la hora- le dije, queriendo volver beso mis palabras.

—Lo sé, verás, el hombre miserable es un ángel caído, olvida lo que debas olvidar y dejate abrazar por algo nuevo.

—¿Tal y como con la poesía?, pregunté repitiendo lo que él hace un rato me decía.

Sí, y es que no hay de otra manera.

—Ya casi son las doce, le dije a media voz.

Es noche de fiestas, joven muchacho, aquí lo que debía pasar ya ha pasado.

¿Entonces te vas? Algo mágico pasaba y yo no quería que parara.

Mejor vete tú, y yo te veo irte, dijo despreocupado.

—No Federico, interrumpí.

Entonces él me miro fijo y me dijo:
—"Escuchala, sé que la escuchas"


Esa noche fui como los demás al malecón a celebrar, a bailar entre las personas, a recibir un nuevo año dejando el que conocí, y esperando ser abrazado por el que vendrá, tal vez como todos esperan, pero a mí me lo aseguró esa noche alguien muy especial, el poeta andaluz Federico García Lorca.