martes, julio 14, 2009

No pude dejar que se fuera


Esta noche por fin me atrevería... -dijo entre sollozos y rabia- , ella sale de la orilla y habla conmigo, ustedes desgraciados son los locos!, -entonces un poco de calma llego - ella viene y juntos hablamos hasta que amanece y entonces se va mi dulce doncella dorada. Sus miradas sucias jamás verán sus cabellos castaños despeinados; porque a ella no le gusta hablar con cualquiera, sus ojos redondos y lejanos. El mar moja la blanca y gastada tela de su vestido, veo cada detalle, justo cuando el viento marino se hace mas salado, aún siendo de noche el viento se hace cálido cuando ella viene y entonces ... entonces hablamos. Ella es real... ella simplemente no puede decirme su nombre, eso me ha dicho, por eso yo le he dado uno, Marina.... yo la llamo Marina a mi sirena de oro. Existe, sí existe, ¡sí existe! ... ¡callanse sí existe!.
Es la historia que contaba una y otra vez Naval el Marinero Loco del pueblo, quien abandonó su casa para convertirse en una especie de indigente que vivía entre un rancho de trapos en la playa. En contadas ocasiones supe de él, pero lo vi el día que se lo llevaron a un centro de atención ubicado en las cercanías del pueblo, que en mi opinión es un sinónimo de manicomio negligente.
La historia de Naval fue para mí lo más resaltante de aquel pueblo playero, por eso como periodista no tuve resistencia para escuchar la historia del marinero loco que abandonó todo por una especie de fantasma o ilusión, que él mismo en sus propios términos defendía a capa y espada, Fue tal vez la pasión que encontré en sus palabras lo que me hizo adentrarme en el centro de atención mental de ese pueblo de playas, con un único motivo: escuchar e investigar su historia.
La noche que me metieron aquí -comento en tono resignante- , esa noche le diría de mis sentimientos, le diría que me llevara con ella a su mar, pero ese día dañaron todo, me dañaron al alejarme de lo único que tenia sentido para mí - dijo con voz quebrada y esta vez con rabia- , ella me dio lo que nadie pudo, ella sentía alegría con el simple hecho de que yo la escuchara y yo sentía alegría de su voz, todos piensan que estoy loco... si tan sólo pudiera verla una vez más...
Pero aquí me callan, aquí me duermen, aquí me matan - finalizó. Fueron estos los detalles más importantes que él me contó.
Sin avisar nació en mi la intención de dirigirme al sitio donde él habitó, tomé un taxi que me dejaría en cercanías de la playa, el taxista hizo preguntas donde tuve la oportunidad de comentarle que pasaría la noche allí, él usaba un gorro que se asemejaba mucho a una boina, era beige y se veía sucia, tenia cierto rasgos extranjeros bordeando su rostro que no supe identificar, - ese sitio se ha vuelto peligroso- me comentó con tono de regaño - le pregunté si se refería a la historia del marinero loco, el negó con la cabeza y dijo: esta mañana vi a la policía allí -mientras levantaba la ceja, apretaba la boca y movía el retrovisor levemente, al bajar prendí un cigarrillo, acomode mis gafas, me peine con la mano y luego llevé la mano a mi bolsillo y empecé a caminar.
Naval tenía una descripción tanto física como emotiva de Marina.
De salida luego de mi encuentro con el marinero Loco, no dejé de pensar, tal vez fue mi curiosidad o mi necesidad de encontrar al menos una historia interesante en este pueblo muerto lo que me hizo esa noche quedarme en el lugar donde Naval aseguraba que veía a esta chica.
Al atardecer se retiraban ya los pescadores y las demás personas de la playa en dirección contraria a mí, quien caminaba por la pálida arena con mochila a la espalda y el sol de fondo ocultándose. A lo lejos vi el rancho de telas caído y profanado por aquellos que irrumpieron en la historia de Naval, el viento de la noche se hizo frío, bajé mi mochila reuní algunos troncos viejos y encendí una fogata con la ayuda de fósforos y una pequeña botella de kerosén, me senté al pie de las llamas, que a su vez creaban un resplandor casi carmesí en lo oscuro del ambiente, quité mis zapatos, los hice a un lado, quité mis medias y metí mis pies entre la arena fría por gusto a la sensación, la arena cubrió hasta mis tobillos, encendí otro cigarro y peiné mi cabello con la mano nuevamente; olvidé por un momento lo que había venido a hacer o más a bien a tratar de ver.
Al ver el mar oscuro caí nuevamente en mí y en la realidad, el asunto de la sirena o fantasma que sale del agua, si bien en la mitología las sirenas volvían locos a los hombres con su canto, la historia de Naval no está tan lejos de este ejemplo mitológico, me mantuve en velo, mis pies se tornaron más blancos de lo normal por el frío, entonces volví a usar zapatos, luego de eso me debí haber quedado dormido pues a la mañana siguiente desperté pegado a la arena. Esa noche nada paso.
Naturalmente la historia de Marina no era más que la invención de un viejo loco, tal vez fue poco el haber pasado allí una sola noche pero al menos para mi bastó el intento. Decepcionado por la falta de acontecimientos o mi ausencia de interés tenía en mis planes abandonar finalmente el pueblo, caminé por la calle de ladrillos marrones, cerca de donde me dejó el taxi, encendí otro cigarrillo mientras el sol de la mañana empezaba a hacerse intenso, me dirigí a un kiosco de aspecto oxidado con retazos azules de metal y compré la prensa local.
Fue aquí cuando las cosas tomaron un giro diferente, debido al gran encabezado en letras negras y gruesas: Encuentran Cadáver de mujer joven estrangulada, el caso describía a una chica que no lograron reconocer por falta de documentos que fue estrangulada y arrojada al mar, solté el cigarro, lo aplaste. Las características físicas dadas por el hombre fueron exactas, me dirigí a pasos rápidos y torpes hacia el internado donde se encontraba Naval, después de todo algo muy extraño había sucedido y este hombre realmente no estaba loco, la historia de su amor era cierta, y más que eso era sobrenatural. Cuando entré a la sala de visitas, él estaba sentado con mirada triste y una leve sonrisa - tu historia es cierta! - le dije - lo sé todo, Marina o como sea que se llame sí existe de algún modo, tienes que saber que ella.... - entonces el viejo Naval me interrumpió - Para mí ella pertenecía al mar, por eso la primera vez que la vi sentada no pude dejar que se fuera, entiendes no puede dejar que se fuera - sus ojos se hicieron tristes nuevamente- porque ella pertenecía al mar y una vez que allí la metí nunca más salió. Un marcado escalofrío me recorrió la espalda y murió en mi nuca, Naval más que un loco, un desterrado de mirada triste o un enamorado raro. Era realmente un asesino.
fotografía por Banni Romero.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

o.o que finoo! deberia ser triste pero por alguna razon para mi no lo es me gusto mucho mucho mucho sempai

Neko-Ge0rGe

Anónimo dijo...

Verga dani.. excelente!!! como siempreeee... me gusto mucho!! :) lo lei 2 vces.. jeje! y es como me dices.. depende de como lo veas!!

Esto es lo tuyo vale.. jeje me encantaaaa... sere la primera en leer un libro tuyo.. a pesar de que me cuesta terminar un libro.. jeje!! :P te super quiero!!! ^^

banni ismerais romero tapia dijo...

muy buena historia que gran talento,me gusto mucho que utilizaras una de mis fotos para personalizar tu historia...


banni Romero