miércoles, julio 25, 2012

Sexta Carta

Por ley del tiempo todo aquí ha empezado a cambiar. A veces me quedo encerrada dentro de mí, como si fuera una jaula. Y dentro de lo que soy es inevitable que empiece a recordarte. Recordé con esto varias frases de Breakfast at Tiffany's, una película que no vimos juntos, y que de haberlo hecho te hubieras quedado dormido, como casi siempre pasaba. Por ley del tiempo todo cambia, el gatito que vive conmigo ha empezado a crecer; cuando lo llevé a casa me preguntaste: ¿Por qué ahora? y te respondí: Porque me he sentido un poco sola. Tú no lo entendiste. Lástima que no veas al gatito crecer, si en mi cabeza herida el gato pregunta por tu dedo raro que una vez lo tocó. Mi casa también ha cambiado, han tirado una pared, y ahora se ve más grande, pero también más desnuda. Mi cuarto también está cambiando, he pensado en pintarlo color vino, en atravesar una pared con una cinta beige y hacer algo con mis cosas favoritas. Tu foto ya no está. No lo mereces, y yo no merezco soñar tanto contigo. Porque la hora de mis pesadillas es tuya y de tu nueva persona. No deberías salir más en mis sueños. Algunas cosas se van, como se fue tu cepillo dental en la basura llena de papeles de los treinta y dos días seguidos que estuve llorándote. Hay agua tibia ahora para ducharse, ¿Recuerdas cuánto la quería? y a veces estar bajo el agua tibia es como cuando tu nariz de pájaro dormía en mi nuca. Ha cambiado mi cuerpo, brotaron los huesos de mi cadera, y mi cintura se pronunció como para ser agarrada. Pienso en vano y en contra de mi voluntad que quizá te gustaría. Pero este cambio me lo hizo la tristeza que me echaste encima y que día a día trato de quitarme. Eres la hora del diablo y ninguna cosa valiente habita en ti. Un dolor me azotó una noche fuerte, pensé que acabaría en el hospital, recordé tus dolores y yo cuidándote de noche, y claro. Claro, claro que no estuviste ahí para cuidarme. Ha cambiado también la lluvia, a veces me huele a papel quemado, me recuerda a tus pies dibujando en mi vientre, a tu cabeza de erizo blando recostado en mi nido de piernas. Nada pasa ahora, y qué pena que ese no fueras tú, y qué pena que siga lloviendo mientras yo, bloqueada a todo contacto, marcada únicamente por tus pulgadas, ya no me nazca estar con nadie. Los días se cansan. Quizás yo también he cambiado, ya no estoy roja, no estoy temblorosa y el mar parece haber cedido a mis ojos. Entonces, vino la noche. Pero yo ya estaba ahí. Sin embargo, aún hay tristeza, en recordar, un proyecto fallido, a ti, quien fuiste, quien creí, el más llorado, mi bienquerido ladrón, la persona que nunca fue, a quien conocí sólo mientras se iba.

1 comentario:

Fernando Arturo dijo...

Bonito y doloroso.